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Mateo 25 ·31-46: Juicio Final Domingo XXXIV A Jesucristo Rey del Universo

Tercera parábola del capítulo 25 sobre el final de los tiempos, que hemos meditado en los tres últimos domingos. Con este domingo concluye el año litúrgico.
Nos encontramos unidas dos narraciones paralelas:
- la primera habla del "Hijo del Hombre", las naciones, el pastor, las ovejas y los cabritos. (vv 31-33)
- la segunda habla del "Rey", de su Padre, la eternidad, los justos, los malditos, los más pequeños, castigo, vida.
Son paralelas en que ambas hablan de los situados a la derecha y a la izquierda y de un juicio. (vv 34-46).
Los juzgados son "las naciones", es decir, todos los hombres. Es un juicio universal.
La sentencia favorable o contraria es dada de acuerdo con unos comportamientos de atención con los "hermanos más pequeños" del Rey (v 40 y 45). En este evangelio Jesús llama hermanos suyos a sus discípulos: "Todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano" (12,50). En el mismo sentido, Mateo en su evangelio designa con la palabra "hermano" a los miembros de la comunidad cristiana (como en 7, 3-5).
La sentencia del juicio se establece, pues, en relación al "servicio" (palabra que la liturgia traduce por "asistencia" v 44) dado a los cristianos "más pequeños", esto es, a los cristianos en situación de fragilidad (hambre, sed, emigración, desnudez, enfermedad, prisión: v 35-36 y 42-43). Ya en 18, 6 advierte contra el comportamiento del que "escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí". Los que le prestan servicio son llamados "justos", es decir, personas que practican la "justicia", o sea, personas que cumplen la voluntad de Dios.
Jesús se identifica con estos cristianos vulnerables (v. 40 y 45), como ya lo hiciera anteriormente en 18, 5, como también se ha identificado con los enviados a misionar que pasan dificultad (10,40).

C Domingo Pascua 4º - Juan 10, 27-30 El buen pastor

Jesús se pasea por el Templo en las fiestas de su consagración, cuando lo rodean los dirigentes judíos y con hostilidad le insta a que se declare Mesías.
Jesús les responde que ellos no son ovejas suyas y continúa su respuesta con el texto de este Domingo.
Él declara su unidad con el Padre, lo cual es hacerse Dios, y como consecuencia las ovejas de su Padre son suyas. Él, como el buen pastor que ha dibujado en este capítulo diez, da la vida por ellas. Por último advierte a los dirigentes que no podrán recuperarlas bajo su control.
Las condiciones para ser ovejas de Jesús son: escucharle y seguirlo.
En el versículo siguiente al texto de este Domingo, los dirigentes intentan apedrear a Jesús, porque "siendo un hombre te estás haciendo Dios".
El versículo 29 tiene distintas variantes. El texto litúrgico ha optado por "Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos..." en lugar de "Lo que me ha dado mi Padre es superior a todo"

C Domingo Pascua 3º - Juan 21, 1-19 La red llena. "Tú sabes que te quiero"

En la vida cotidiana (Galilea en vez de Jerusalén), un grupo de siete discípulos (comunidad universal, en vez de significar las Doce tribus de Israel), van a pescar (la misión) infructuosamente porque Jesús no está con ellos, pero al hacerse presente se llena la red (signo por el que es reconocido). A la vuelta de la misión, Jesús prepara una comida con panes y peces (la Eucaristía) que celebra con la comunidad.
Tras la Eucaristía, Jesús ayuda a Pedro a superar el trauma de su traición, con una triple afirmación de su amistad con Jesús en vez de las tres negaciones. Jesús le encomienda ser como Él el buen pastor que da la vida por sus ovejas, y le predice la muerte en cruz ("extenderás las manos..."). Termina invitándole -por primera vez- a su seguimiento, como hace el discípulo amado.