Mucha vida Juan 10, 1-10 Domingo Pascua 4º - Ciclo A
Jesús, después de decirles que permanecen en su pecado (9,41), les llama ladrones, que roban, matan y hacen estragos en el pueblo.
En cambio él da vida al pueblo, lo salva y le proporciona alimento (pastos), porque es su pastor. En parte del texto se identifica no con el pastor, sino con la puerta del redil, con el mismo fin.
Los profetas (Jeremías 23, Ezequiel 34...) usaban la imagen del pastor para referirse a la acción del rey con el pueblo. Los profetas acusan al rey de haber llevado al pueblo a la ruina, y anuncia que Dios mismo va a ser el pastor (el rey) del pueblo, y que va a enviar un nuevo pastor (rey). Jesús se proclama aquí ese enviado, ese mesías o cristo.
Esta escena conecta de Jesús-pastor conecta con su acción en el templo (capítulo 2) donde desmonta el negocio con los animales que iban a ser sacrificados. También con el último capítulo, donde manda a Pedro que apaciente sus ovejas.
Cuando termina de hablar, las autoridades judías se dividen: unos piensan que lo que dicen es propio de un endemoniado, otros dicen que no podría curar a un ciego de nacimiento si fuese así. (10, 19-21)
C Domingo 12º Lucas 9, 16-24 ¿Quién decís que soy yo?
Consta de dos escenas; la segunda está cortada (debiera seguir hasta el 27). Sigue a Marcos 8.
La pregunta sobre la identidad de Jesús ya la había hecho Herodes en este mismo capítulo. Sus informadores le ofrecieron la misma respuesta: identifcan a Jesús como la personificación de uno de los profetas. Ni a Herodes ni a Jesús le satisfacen tal contestación. Ahora se plantea a los discípulos, y con ello al lector: para ti ¿quién es Jesús?
Los Doce, por boca de Pedro, reconocen en Él al "Ungido" de Dios (eso significa el griego "cristo", lo mismo que el hebreo "mesías"). Jesús les manda mantenerlo en secreto [¿por qué?].
Jesús prefiere identificarse como "el Hijo del hombre" [ver su significado], pero asociado al sufrimiento, como el "Siervo de Dios" dibujado por Isaías (50, 4-9; 52,13-53,12). Es el primer anuncio de su pasión.
En la segunda parte, Jesús invita a ir en pos del que acaba de ser identificado. El que lo desee ha de cumplir dos condiciones:
- negarse a sí mismo: renegar de uno mismo, de su propia vida ("perder la vida" lo llama después) es "dejar" el contexto de mi vida cuyas implicaciones, ataduras, me impedirían seguir a Jesús. Así lo hicieron sus discípulos al dejar sus familias y sus trabajos.
- cargar con su cruz de cada día: la apostilla "de cada día" es exclusiva de Lucas, lo que evita interpretarlo como sufrir el martirio. Los condenados eran expuestos al escarnio público al ser obligados a caminar con la cruz. Jesús advierte que seguirlo también tiene sus consecuencias sociales en la vida diaria.
C Domingo de la Santísima Trinidad Juan 16, 12-15
En él se muestra la unidad del Padre, del Espíritu de la verdad y de Jesús: "Todo lo que tiene el Padre es mío" -afirma Jesús-, y el Espíritu "tomará de lo mío".
Ya Jesús ha afirmado antes su identificación con el Padre: "os he dado a conocer todo lo que oído a mi Padre" (15, 15), y lo repetirá después: "Les he comunicado las palabras que tú me diste... todo lo mío es tuyo y lo tuyo, mío" (17, 8 ss)
La misión del Espíritu es guiar a los discípulos hasta la verdad plena, con la que no pueden cargar por ahora ("Ya está aquí la hora de que os disperséis cada uno por vuestro lado" 16,32 cf 13,33). Esa verdad plena aclarará "lo que está por venir", que en el marco de este evangelio parece referirse a los frutos de su muerte -recordemos que éste es su discurso de despedida-, muerte cuyo sentido a los discípulos "por ahora" les resulta incomprensible ("no pueden cargar" con él) , pero les será explicado por el Espíritu.
De esta forma el Espíritu manifestará la gloria de Jesús, pues su exaltación consiste en dar su vida por sus amigos (cf 15,13)
C Domingo Pascua 5º - Juan 13, 31-33a.34-35 El mandamiento nuevo
Acace durante la última cena, tras lavar los pies a sus discípulos, e inmediatamente después de que le diera un trozo de pan mojado al que lo traiciona. El texto litúrgico trae un añadido para poner el contexto: "Cuando salió Judas del Cenáculo..."
Jesús dice que la entrega de su vida -que va a ser "pronto"- manifiesta su gloria (se refiere a sí mismo como "Hijo del hombre") y la gloria de Dios.
Como le "queda poco tiempo de estar entre vosotros", da a conocer su última voluntad, a la que llama "mandamiento nuevo", presentándose así como un nuevo Moisés (que había dado los diez mandamiento). Tal será "la señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos" -por tanto es algo que pide sólo a su comunidad de seguidores- y consiste en el amor mutuo ("unos a otros", por dos veces insiste en que ha de ser recíproco entre sus discípulos) concretado en el servicio mutuo ("como yo os he amado", siendo así que nos "amó hasta el extremo" -13,1- expresado con el gesto de "lavar los pies de los discípulos" -13,5-). Ya había hablado antes sobre este servicio recíproco ("también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros" -13,14) y cómo es Él el punto de referencia ("os he dado ejemplo para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros" -13,15). Por tanto, se modifica el antiguo punto de referencia: "Ama a los demás como a ti mismo". Este "amor extremo" de Jesús se manifesta en la entrega de su vida, también sus discípulos han de desvivirse unos por otros.
El texto litúrgico omite 13,33b que introduce un tema del que hablará más tarde: "a donde yo voy vosotros no podéis venir"
B 32º domingo de tiempo ordinario Marcos 12, 38-44
En el capítulo anterior, Jesús calificó el Templo como "cueva de bandidos" cuando debiera ser "casa de oración"; ahora acusa a los Escribas -entendidos en Biblia- de "devoradores de los bienes de las viudas" mientras aparentan con "largos rezos".
Ahora Jesús observa desde fuera lo que pasa en esa "cueva de bandidos", y no se fija en los "rezos" que sería lo propio de una "casa de oración", sino en los "bienes" que se depositan de acuerdo a lo mandado, y "observa" cómo "los bandidos" "devoran todos los bienes" de una "viuda pobre", que consistía en las dos monedas más insignificantes, equivalente a un cuarto de jornal.
Jesús no dice que se deba dar los "bienes" a esos "devoradores" en esa "cueva de bandidos"; no pone de ejemplo a esta víctima del Templo donde Él acaba de volcar las mesas a los cambistas de "monedas "y donde los "escribas" junto a los sacerdotes del Templo están buscando cómo matarle.
Jesús, como la viuda, será otra víctima, también "echando toda su vida" en su pasión y muerte.29º domingo de tiempo ordinario Marcos 10, 35-45
- Los Doce siguen entendiendo el Reinado de Dios (la "gloria" de Jesús, le llaman) a modo de los demás reinos, donde "los reconocidos como jefes tiranizan a los pueblos y los grandes los oprimen". De ahí que los "hijos de Zebedeo" quieran asegurarse los puestos claves a ambos lados de Jesús; y que los demás se indignen, seguramente porque desean lo mismo y ven que esos hermanos se les han adelantado.
- Jesús vuelve a enseñarles lo que ya les había dicho cuando discutían entre ellos quién era el más importante (también justo después de que anunciara su pasión, como aquí): su "gloria" es "servir y dar su vida", y sus discípulos han de hacer los mismo: ser "servidor" y "esclavo de todos" (hay que notar que no sólo a nivel interno, sino "de todos" los seres humanos, igual que Jesús da su vida "por todos").
Jesús dará su vida efectivamente en su pasión y muerte. Irónicamente, en la Crucifixión (el momento álgido de su "gloria") se utilizan los mismos términos que aquí para designar su derecha y su izquierda: donde están los otros crucificados: los puestos "reservados" son para quienes ya había dicho: para que el "toma su cruz" y le siguen.